De pronto, esa alegría que ilumina tu cara aunque sea de manera efímera, esa luz que surge inesperadamente, cuando no la esperabas. Como ese mechero que sigues guardando pero ya no funciona y un día lo ves y decides intentarlo otra vez, por qué no, no hay nada que perder.

Y entonces aparece esa fugaz chispa que ilumina y salta por un momento haciendo vibrar la habitación. Y con suerte enciende la mecha.

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